Fiestas en el 20 de julio

Por: Hernando Urrutia Vásquez –  Director de Programación de Vientos Stéreo

En tiempos pasados las fiestas del barrio 20 de julio, eran como la extensión de sus domingos. Se reunían personajes de todas las especies y se ofrecían toda clase de espectáculos: cucunubá, ruleta, Escopetas de dardos, fotografías sobre caballitos de madera y sombreros mejicanos, periquitos adivinadores de la suerte, magos y otras tantas ofertas a mis ojos de niño que todavía están en el escenario mental. El sector fue cobrando importancia y la peregrinación dimensionó la demanda y el consumo, como un fenómeno del mercado.
Con él llegaron los arrepentidos, los que iban a serlo y los que se prevenían para cuando necesitaran los favores del Divino Niño.
Venían las comerciantes del sexo, en busca de unos pesos, y los ladrones de siempre que transitaban de fiesta en fiesta, de bazar en bazar, tanto en la ciudad como en los pueblos.
Florecieron los negocios de fritanga en el marco de la plaza y las totumadas de chicha en las canchas de tejo.
Era el contraste de la muchedumbre de los barrios en estas ocasiones
Contra las calles solitarias en el ritmo normal de los días entre semana,
Y se competía por cual era el mejor bailarín, pagando el derecho a bailar con la candidata al reinado de la simpatía, las beatas tenían el tiempo suficiente para chismosear y persignarse y la gente comentaba jocosamente las aventuras de la loquita que lanzaba platonados de agua a la muchachas que se atrevían a pasar por frente a su casa con minifalda, o de las propuestas de otro loquito que cargaba mercados y concertaba con nosotros, un viaje en camión a San Andrés Islas o el malabarista aquel, que nos pedía una moneda prestada, para ejecutar un acto de magia consistente en tragarse la moneda y hacerla aparecer en un codo de cualquiera, hasta que embebidos, nos refundía la materia prima de su número o llegaba la policía a interrumpir el acto magistral y misterioso acusándolo de estafador.
Todavía se recuerda al ladronzuelo que por venganza con una propietaria de los puestos de fritanga, vino y le descargó un perro muerto sobre la comida en plena venta.
Eran los tiempos del mercado campesino de la veintisiete, y los potreros de la misma con carrera octava donde se instalaban periódicamente los circos itinerantes con sus payasos, malabaristas, músicos que interpretaban obras clásicas con un serrucho en sus rodillas a modo de violín, o el tradicional perro que saltaba aros en llamas, o el circuito ciclístico organizado por el cura párroco a un héroe de las bielas que vivía por los lados de la carrera sexta con avenida primero de mayo.
Lo cierto es que el desarrollo actual de mi barrio 20 de Julio, se debe a tres factores bien importantes: la fe en el Divino Niño, el homenaje al ídolo de las bielas, “Pajarito” Buitrago, y al hecho de haber sido bautizado con una fecha memorable y patriótica.
Eso es lo que me asalta en medio la emoción que me produce ver el colorido de los ciclistas, el desfile de las candidatas y los ríos de peregrinos, juntos en una misma fecha y que anteriormente celebrábamos en distintos días llenos de sol como este, del veloz siglo XXl.
El campeonato de banquitas empezó en el otrora sitio público de la plazoleta del barrio 20 de julio. Lugar a donde llegaba en otros tiempos el tranvía y después los buses municipales y que todos conocían como el Kiosco, clave lugar de encuentro, para el transporte hacia los incipientes barrios que se estaban consolidando como el San Isidro, Managua, Atenas, Bello Horizonte, Santa Inés entre los mas cercanos.
Otro sitio importante fue el oratorio Salesiano, que tenía sus instalaciones en lo que ahora es el colegio Juan del Rizzo, con diferentes juegos, tales como ajedrez, ping pong, futbolín, hasta pesas, peras y Punch para boxeo.
Además alrededor de la cancha del oratorio se reunieron equipos de otros barrios y se fue generando la idea del hexagonal, con los partidos en la plazoleta, que organizaba Ramiro Torres y que logró durante treinta años irradiar el fútbol aficionado al nivel del torneo del barrio Olaya Herrera. Y que trasladado al Parque San Cristóbal, ha sido escenario del club Monaguillos, Maracaneiros, el Expreso Rojo y un importante semillero de futbolistas.

Foto: Proporcionada por Hernando Urrutia Vásquez

Foto: Viento Stéreo

About The Author

Related posts

Leave a Reply