El velódromo

Por: HERNANDO URRUTIA . Director de Programación Vientos Stereo

Cuando los niños de mi generación, recurríamos a un juego barato e imaginativo de las tapas de gaseosa con un pedazo de cáscara de naranja por dentro, que impulsábamos con los dedos en reñidas competencias, estábamos replicando la vuelta a Colombia en bicicleta y rindiéndole culto desde la infancia a los héroes narrados por las voces mágicas de los locutores, creadoras a veces de situaciones ficticias, que nos motivaban a aprendernos los nombres de los campeones y de los consagrados por la simpatía de las hazañas que los convertían en leyenda  y ejemplo.

Improvisadas pistas en los andenes, ponían en juego el honor del ciclista que le daba el nombre a nuestra  tapa.

Pero a la par existía otra circunstancia cerca de los barrios en los que crecíamos y era el velódromo Primero de Mayo, casi contemporáneo a la vuelta a Colombia (l952) y escenario multicolor, construido en un terreno gredoso de donde sacaron arcilla para la industria ladrillera durante mucho tiempo y que realmente lleva el nombre de quien donó esos terrenos: don Santiago Trujillo. Escenario de muchas pruebas nacionales e internacionales por su vecindad, no teníamos que recurrir a la imaginación de los personajes, sino que, unas veces desde el enmallado de la desaparecida callecita de la parte occidental, otras desde las gradas, nos fascinábamos viendo a Jorge Luque, el “Águila Negra” con su leyenda de los rencores entre paisas y cundinamarqueses, a “Papaya” Vanegas o los entrenamientos solitarios de Eduardo Bustos, con su esposa como cronometrista, al igual que Samacá y su cuello perdido o la contextura de toro de nuestro valor local, Carlos Rodríguez y  tantos otros salidos del improvisado escenario de la  calle, al real de la pista. Ya en esta parte de la crónica, se confunde el tiempo y las eras de los gestores del deporte, pero sí sabemos que fausto Coppi recorrió sus peraltes, que  presenciamos la llegada de varias vueltas a Colombia, en una de las cuales fue víctima el campeonísimo Ramón Hoyos y que  se nos quedaron grabados los nombres de aquellos muchachos de la época, eternamente montados en la cicla, como el recordado con cariño “Escobita” Morales o Pedro J Vivas, o Jairo F Cruz, o el vecino de este escenario Roberto “Pajarito” Buitrago, todos con sobrenombres acuñados por Carlos Arturo Rueda C., que engrosaban a cada día la galería de nuestras emociones y que sería extenso el recuerdo de lo que para la juventud representó el velódromo Primero de Mayo, nombrado así mas que su propio nombre, con su cancha de fútbol en donde se gestó el hexagonal del suroriente liderado por Ramiro Torres y se jugaron partidos con figuras nacionales e internacionales, incluyendo el promovido por un niño en homenaje a una figura deportiva un poco  caída en la pobreza.

No puedo evitar un estremecimiento grato, al ver renacer el sueño de nuestros niños y jóvenes que verraqueralmente continúan dándole la oportunidad a esta  ovalada estructura de seguir siendo parte de la historia.

Fotos: Vientos Stéreo

Foto: Hernán Riaño

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