Nuestra historia ha alimentado la literatura hasta tal punto que alguien calificó nuestra narrativa como un inventario de cadáveres debido a la violencia permanente que nos ha acompañado por generaciones.

Cómo voltearle la espalda a una realidad que  forma parte de la canasta familiar. Pero algo que es curioso y que quiero compartir es, cómo una palabra sintetiza de manera magistral una circunstancia y a la vez es lo que podríamos calificar como el cuento más breve, no es Monterroso con su Dinosaurio, es algo más condensado que nos ha legado el idioma y parece que fuera inspirado en nosotros los colombianos, estamos hablando del cuento más breve de toda la historia literaria: masacres, término que recoge el dolor de un pueblo y a la vez sintetiza este autor anónimo, los despojos de tierras que han sido por siglos la constante, la violencia continua por los intereses en acción de una desmesurada ambición, que se ha enriquecido con el luto de las viudas, los huérfanos, las familias mutiladas, el regusto salvaje de la violencia con toda la imaginación posible de barbarie.

Más acres nos narra los asesinatos de líderes y lideresas la codicia a la que incita pronunciándola, y la escribimos con la materia prima del dolor, nos retrotrae al ansia de poder y desde el poder, de la acumulación  propia y la ajena y de lo imposible de la resolución de los conflictos y median unos intereses mezquinos que van desde la periferia al centro de la geografía.

Más acres significa la errancia por los territorios de millones de seres deambulando, convertidos en parias como consecuencia de la violencia al servicio de la expansión de grandes latifundios a costa de los condenados a la miseria y que fueron desterrados de sus propias parcelas.

Por eso si hablamos de literatura breve me da pena con el gran maestro Monterroso, nosotros la hemos patentado en esta desajustada sociedad y es más, la hemos repetido de manera vergonzosa porque la podemos  hallar en el transcurso de los siglos, intacta, vigente.

Los intereses superan la cordura, la palabra nombra y no permite denominar de otra manera tal como homicidios colectivos que no tiene la facultad de que cuando se hable de literatura y sociedad, salte a la palestra la palabra Más acres.

Por Hernando Urrutia

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