Para el pueblo plomo, miseria y olvido

Por: Jeffrey Velasco 

 

Los uniformes manchados de rojo se deben lavar de vez en cuando.

 

Hace unos días la Policía Nacional –de este querido platanal- decidió como novedad, cambiarles el uniforme a nuestros queridos “representantes de los DDHH” –Nótese el sarcasmo-  estos avalados como dirían algunos por el estado y por el mandatario de turno, que su mejor labor es pasarse por la galleta las peticiones del pueblo, de menos bala y más salud y educación.

Colombia, una tierra querida por unos y odiada por otros. Querida por “La gente de bien” y odiada por “Los buenos somos más”, la realidad es que no es odiada por más del 80% de los colombianos. Lo que realmente se odia es este Gobierno paupérrimo y su mandatario, a quien le falta criterio y verraquera para afrontar las cosas, asumiendo los errores con entereza, características que a toda luz carece.  

Mientras Carrasquilla anda en Miami de paseo con su familia, en el país “más feliz del mundo”, la sonrisa se apaga con cada joven asesinado y/o desaparecido en manos de un estado ciego, uniformado y armado y no solo del plástico que los cubre de cualquier elemento volador.

Para ser más directo, hablo del ESMADcomo dirían en la calla, el escuadrón de la muerte y los ojos-, Este escuadrón está acabando con la poca alegría que queda en este país. Pero cada vez estamos más llevados, los políticos de viaje y “toteados” de la risa en otro país pegados a la teta del estado, y para colmo, las instituciones de represión social (la Policía) estrenado uniformes como si fueran niños de colegio campestre, un sector de la salud trabajando con las uñas y un presidente que lo único que sube es su colesterol.

Por más de 50 años hemos vivido una de las guerras más grandes del continente y pensaríamos incautamente que la protesta social estaría infiltrada y liderada por estos barbaros que después de la firma del acuerdo de paz en el gobierno de JuanPa o Juan Manuel Santos, decidieron que preferían estar en el monte que detrás de una celda, pero no, la realidad es otra.

La realidad  que ocultan con cortinas de humo, es que los jóvenes universitarios están saliendo a marchar por la falta de oportunidades en este país, obreros y campesinos luchando por mejores ofertas laborales y económicas para poder seguir trabajando o sembrando. Sector salud marchando por mejores condiciones laborales, mejores salarios, padres y madres de familia haciéndose sentir por un mejor país para sus hijos. 

Todos colombianos de a pie que buscan un cambio verdadero en la forma de administrar este país, buscan transparencia y justicia frente a temas evidentes de corrupción como: el carrusel de la contratación, Odebrecht, HidroItuango, los bonos de agua, contrataciones falsas, y contratos a los amigos del gobierno, solo por mencionar unos, quedan en el olvido consumiendo recursos que podrían ser destinados donde realmente se necesitan, como en las casas que faltan por construir en San Andrés. Pero quienes en realidad pagan, no son los honorables padres de la patria, somos el resto de colombianos. 

Duele ver cómo las personas trabajan a diario en un hospital para combatir un virus -y no el de la corrupción- este virus no se ve, que pero que mata sin piedad –tanto como la corrupción- estos salvadores de vida, se enfrenten a la pandemia sin la protección adecuada. Duele ver cómo se roban el dinero destinado de las ayudas humanitarias. Duele ver cómo prometen educación gratis a jóvenes de escasos recursos en campaña y que al final esa la plata se la reparten entre los padres de la patria, lo peor de todo es que si hay dinero para comprar aviones, para viajes, para reforzar instituciones que machacan a las personas, dinero para armas, dinero para respaldar a las grandes multinacionales y transnacionales, pero para el pueblo solo hay plomo y miseria. 

 

Ahora hago una pregunta, ¿Dónde están los desaparecidos y los billones que debieron ser destinados a subsanar los efectos de la pandemia?

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