No me amenaces

Por: Hernando Urrutia Vásquez

Cuando el ministro (en latín: minister, ‘sirviente, subordinado, mediador’) Carrasquilla apareció para vaticinar una desgracia social y afirmó que el país entraría en crisis (será porque no la tenemos) agregó ese absurdo a los miles de  atentados a la sociedad que registra nuestra y otras historias.

Empezó prácticamente echándole la culpa al pueblo colombiano de una posible desgracia, en caso de no ser atendido el llamado del gobierno nacional de aplicar una reforma tributaria, rebautizada cínicamente y  pregonada como salvación para los sectores a los cuales involucra en gravámenes lesivos para la economía.

Mucho se ha masticado y aclarado sobre lo lesivo de este proyecto, pero en este caso me enfocaré sobre el manejo de la amenaza. Esa herramienta que advierte algo para dictar sentencia y se registra hasta en los libros sagrados, empezando por el pasaje del paraíso: Adán y Eva desobedecieron la advertencia de Dios con relación al fruto prohibido y se ganaron el castigo.

Las declaraciones del presidente Duque huelen a venganza, esbozada en las consecuencias predichas si no le hacen caso a este “salvador de pueblos” que intenta convencer a la ciudadanía de que poniendo más impuestos se mejora la calidad de vida y prepara el discurso culpando a quienes no quisieron aceptar sus lesivas medidas que dejarán empobrecidos por pérdida de capacidad adquisitiva a trabajadores y empleados.

Las amenazas no son originales del primer mandatario sino que han sido usadas para manipular o ultimar poblaciones para conseguir sus objetivos. Pero lo más notable es que detrás de una amenaza hay un llamado a la obediencia, así sucedió con el boleteo a los campesinos que tuvieron que dejar sus tierras antes de hacer efectivas las advertencias.

Y es que, o se acata a quién traza la ruta o se paga la desobediencia, en este caso estamos ante el capataz que manda así mande mal, como reza el dicho fachista, así estemos condenados a funestas consecuencias. Estamos bajo la amenaza de ser condenados por desobedecer, abocados a la impunidad de rebaño por nuestro guía como ha sucedido históricamente en que los feligreses se suicidan por orden de su pastor.

La amenaza cae implacable sobre los hombros de las víctimas, endozándoles la culpa, figura tan sensible a la civilización judeo-cristiana y que lleva a asumir un cargo de conciencia por ganar más de dos millones y medio mensuales

Pero tranquilos que como para todo hay solución y como un as en la manga entra a jugar la conciliación asesorada por grandes personajes  quienes han elaborado sus declaraciones de renta en ceros y que nos ayudarán a saber cómo evadir pagar impuestos.

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