¡El virus llegó para quedarse?

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Por Hernando Urrutia Vásquez

la calle desde la ventana con una panorámica inusual: tal cual carro y un considerable desfile de personas, unas pasean sus mascotas, otras con sendos carritos de mercado muy populares para facilitar el transporte de comidas, principalmente.

Pero si la calle es la misma, el ambiente no. Quiero decir que inunda el paisaje una rara sensación funeral casi como un olor a gladiolos de cementerio como si toda la tragedia que en ese momento se volcara y se retratara en los rostros de los transeúntes, se condensaran los mensajes del  fin del mundo, lento pero seguro, en donde la naturaleza se liberara de su mayor depredador por cuenta de un diminuto vengador de una millonésima de milímetro de estatura que lo hace invisible, pero en cambio él sí tiene la facultad de ubicarnos y alojándose empieza su tarea destructiva aliado de todo un ejército dispuesto a aniquilarnos. Causaba risa (nerviosa claro) el hecho de haberlo subestimado por parte de prepotentes gobernantes del mundo que pensaron que solamente podía hacer daño a unos y dejar a salvo a otros, comprobándose que ni misiles y armas nucleares con la cuales se chantajea al mundo trancaban su paso devastador, y no solo diezmó a quienes se pensaba  sino que avanzó al corazón mismo del poder estableciendo un reino de muerte de preocupante capacidad contaminante, dándonos una necesaria lección de la amarga realidad: en materia de epidemias no hay fronteras, las distancias no existen y un mal en cualquier parte del mundo también es con nosotros así las consideremos “simples gripitas” como se atrevieron a decir desde el parroquiano del barrio mal informado, hasta el manejador de los más sofisticados poderes económicos. La pelea empezó a dar resultados nefastos y se fueron acumulando cadáveres por doquier en algunos países que rebasaron la capacidad de dar sepultura cristiana o no y los cuerpos aniquilados por la enfermedad se descomponían en las vías públicas, los miles de contagiados sobrepasaron la capacidad hospitalaria y los fanáticos pastores religiosos que le dijeron a sus feligreses que si seguían pagando el diezmo se salvaban, cometieron el pecado social de engañar e ilusionar a sus fieles seguidores, pues el pago de los diezmos los dejaba ilíquidos para comprar el mercado necesario para aguantar la cuarentena y la respectiva Iglesia no le solucionaba su vida terrenal así le asegurara la celestial.

Sin embargo lo que me llamaba la atención era las distintas reacciones como por ejemplo de estadistas que clamaban por salvar la economía. Yo sin entender mucho no me explicaba la preocupación de la Banca de preservar sus intereses a costa de vidas humanas, que algunos gobernantes exigieran a los pobladores salir a trabajar a riesgo de contraer la enfermedad en aras de no parar la producción, hasta se llegara a proponer serias exploraciones para establecer la intervención del gobernante de Venezuela sospechoso por haber ofrecido unas máquinas de diagnóstico. Algo me decía que la iniciativa del presidente Duque de fortalecer las arcas del capital financiero no era el camino para darle solución a la seguridad alimentaria, porque no se sabe operativamente cómo se va a distribuir el recurso que suma muchos números.

Innumerables críticas llovieron sobre el gobierno por querer aplazar el encierro obligatorio teniendo en cuenta las otras experiencias lo que llevó a los gobiernos locales a desobedecerlo y tomar iniciativa propia que resultó acertada.

Algo de resaltar es la población vulnerable frente a esta epidemia: ¡los cuchos! ¿Por qué nos la estaban montando al sector llamado tercera edad para no ofender con la palabra anciano? ¿Será algo que tiene que ver con la presidenta del fondo monetario? esta pobre “cuchita”, arrugada como un toro mirando para atrás y hablando de que los viejos son (somos) un gasto y un estorbo ¿habrá alguna alianza con el virus? ¿porque parecería que fuera limpieza social!, queda pendiente formar un grupo de investigadores que descubra en dónde tiene la sensibilidad y el desinterés esta prestigiosa mujer que constituye un himno al egoísmo. Mientras pienso clavando la mirada desde la ventana esperando unos medicamentos que prometieron entregarlos en casa, el bichito avanza irrespetando a todo el mundo y hace derramar lágrimas amargas al presidente italiano quien exclamó casi derrotado que el virus no mermaba su capacidad de hacer daño y se oía una voz permanente haciendo cálculo del monto de muertos predecibles, por lo tanto todos hacemos cuentas de quienes pasaríamos a engrosar esas cifras, teniendo en cuenta de cuántos morirían.

Todo un lío se me formó en la cabeza aturdida, de todas las versiones, primero: que era una venganza China, segundo que era una venganza norteamericana, tercero que era un castigo de Dios anunciado en la Biblia, que era un castigo por no haber dado los diezmos a la iglesia a la que pertenecían, que se debe salvar a la economía sin importar el número de muertos, que hay que salvar a la gente no importa la quiebra de la banca, que el que contrae la enfermedad es un victimario y debe ser apedreado como lo hacían con los leprosos en otros tiempos, que los médicos son héroes en las pantallas pero indeseables como vecinos, que la plata sacada del ahorro nacional no se va a devolver después de que pase la pandemia, que nuestro presidente es más “pinta” y discurso que gobernante, que algunos laboratorios están ambicionando el mercado y el descubrimiento de la vacuna les genera un buen dinero y por eso los gobiernos no quisieron aceptar el medicamento aplicado en China por parte de los médicos cubanos, qué pasará con la vacuna con todos los que se enfermaron????? es el interrogante que ahora no es solamente dos dosis sino tres y “ai vamos sumando”. Ya la promesa de un alivio definitivo quedó atrás y ahora los devotos se persignan cuando le van a aplicar la vacuna para que no les pase como dicen que ha sucedido con algunas vacunas que han causado problemas de salud en los vacunados.

En todo eso pienso mientras juego al pico y placa con mis ojos, o sea que unos minutos miro con el izquierdo y otros minutos con el derecho, claro que a uno tengo que darle más tiempo porque ve menos.

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