Perspectiva territorial de la paz

Por: Laura Ligarreto 

 @lalisligarreto 

Las generaciones se miden en las ciencias sociales a partir de los recuerdos compartidos, los imaginarios y las formas de apropiación de la historia. En ese sentido, si bien todos los colombianos conscientes del proceso de finalización del conflicto somos parte de una macro generación, los jóvenes bogotanos tenemos una lectura particular de la historia colombiana que de manera premeditada y errada algunos quieren contar desde la ausencia del conflicto y por ende la distancia con la paz que estamos empezando a construir.

No solo se ha manipulado la historia del conflicto, ignorando los impactos y desarrollos del conflicto en la ciudad sino que por esa vía se pretenden manipular nuestras actitudes y actos en relación al presente y al futuro de la construcción de paz con justicia social.

“(…) los jóvenes bogotanos tenemos una lectura particular de la historia colombiana que de manera premeditada y errada algunos quieren contar desde la ausencia del conflicto y por ende la distancia con la paz que estamos empezando a construir”

Con suerte algunos guardamos recuerdos de cómo la guerra se vivió en la ciudad y sus zonas aledañas, algunos recuerdan el asesinato de Luis Carlos Galán, la toma del palacio de Justicia y de la embajada de República Dominicana, el asalto al cantón norte, el asesinato de Manuel Cepeda Vargas, el atentado a Aída Avella, el atentado al club El Nogal, las acciones guerrilleras en la vía al llano, el centro de Usme, la toma de la calera, los atentados contra la estación de policía de suba, los rokets lanzados al palacio de Nariño en la posesión de Álvaro Uribe. Aún menos, recordamos o sabemos de las avanzadas militares de los grupos paramilitares en las zonas de Ciudad Bolívar, Usme, San Cristóbal, Rafael Uribe Uribe, Usaquén, Suba y Engativá luego del 2002.

La llegada de víctimas a la ciudad es quizá el hecho más notorio y aún así no hemos logrado comprender el impacto de  ese fenómeno en el desarrollo de la vida bogotana. De acuerdo con la base de datos de la Unidad de Víctimas los desplazados por la violencia que han llegado a Bogotá suman más de medio millón de personas.

Más allá de un número más del conflicto, los desplazados por la violencia son un hecho social que ha impactado las formas de ocupación del espacio, han requerido vivienda y acceso a servicios públicos tanto domiciliarios como sociales, han aportado a la transformación cultural de la ciudad, se han vinculado con las redes sociales, económicas y políticas de la ciudad, han hecho propuestas de cómo mejorar su situación de vida, entre otras.

“(…) basta detenernos en los comportamientos que en general quienes conducimos asumimos, o las formas de agresión a otros que naturalizamos como la violencia hacia las mujeres y niños, así mismo poco se reprochan las respuestas desmedidas y violentas de la fuerza pública a grupos específicos como jóvenes, vendedores ambulantes, manifestantes o los supuestos colados en Transmilenio”

Apelando a nuestra memoria colectiva real, vivida y contada antes que olvidada dejaré pendiente para un próximo artículo el recuento del conflicto desde la ciudad, pretendiendo que en este punto compartamos la idea de que lo vivimos, en nuestros tiempos, en nuestros territorios. Desde esa perspectiva entonces tenemos un primer pilar para que nuestros sentidos y acciones en relación al acuerdo de paz se transformen, el segundo pilar es el alto grado de impacto de la violencia en nuestras relaciones como sociedad.

La continuidad de ciclos de violencia en el país que se remontan hasta los principios de las guerras independentistas y se presentan como un continuo en la historia nacional, con el desarrollo contemporáneo del conflicto armado con las guerrillas modernas y la degradación de la guerra no solo han dejado víctimas directas, sino que han aportado a construir una cultura violenta, que se refleja en tanto en las relaciones macro como en los comportamientos micro sociales.

En referencia a estos últimos encontramos por ejemplo la masificación de las violencias en las relaciones de familia, amistad, laborales y de convivencia ciudadana; desde ese sentido, el todo vale en función de mis intereses, la falta de condena social efectiva y la sacralización de las medidas represivas para el tratamiento de los conflictos son algunas de sus manifestaciones.

La ciudad tampoco es ajena a eso, basta detenernos en los comportamientos que en general quienes conducimos asumimos, o las formas de agresión a otros que naturalizamos como la violencia hacia las mujeres y niños, así mismo poco se reprochan las respuestas desmedidas y violentas de la fuerza pública a grupos específicos como jóvenes, vendedores ambulantes, manifestantes o los supuestos colados en Transmilenio.

´Por algo ha de ser´ o ´yo mejor no me meto´, con seguridad hemos pensado en algún momento frente a hechos de violencia, lo que socialmente nos hace permisivos e indiferentes en lo público pese a poder estar en desacuerdo con este tipo de actuaciones en lo privado, somos violentos al tiempo que somos silenciados. ¿Dónde estuvimos cuando la corrupción tomó por asalto a la ciudad?, ¿Por qué dejamos que un secretario de gobierno afirmara que la culpa del asesinato de Rosa Elvira Cely fue culpa de ella?, ¿Cuándo hemos levantado nuestra voz para preguntar por las denuncias de limpieza social hechas hacia la alcaldía por la muerte y la trashumancia de personas en situación de calle que se han hecho desde la intervención del Bronx?

“(…) los acuerdos firmados entre la insurgencia y el gobierno no son restringidos a la dejación de armas y la inclusión política de los guerrilleros, sino que implican una oportunidad para repensarnos el territorio”

Quizá el clímax de ese ambiente de violencia urbana lo podamos ver en la ausencia de mínimos acuerdo sobre buen gobierno y desarrollo a la que hemos asistido desde hace varios años en la ciudad, pensarnos la paz, en consecuencia debería ser desde Bogotá, crear esos acuerdos mínimos de convivencia  y futuro común desde las ciudadanías que convergemos en la capital, no podemos pensar que no hemos sido afectados por la guerra y sus lógicas mientras la ciudad parece cada día más inestable, más carente de perspectiva para su adecuado funcionamiento, menos incluyente, en resumen menos democrática.

El tercer pilar para hablar de la perspectiva territorial de la construcción de paz desde Bogotá es el hecho de que los acuerdos firmados entre la insurgencia y el gobierno no son restringidos a la dejación de armas y la inclusión política de los guerrilleros, sino que implican una oportunidad para repensarnos el territorio. En ese sentido, pese a lo que se ha divulgado, en el texto del acuerdo encontramos por lo menos cinco ejes que impactan directamente a la ciudad.

El primero de ellos es son los temas ambientales y de ordenamiento territorial, el segundo es el fortalecimiento y la promoción de la participación social, las reformas al régimen electoral y la lucha contra el paramilitarismo, el tercero es el fortalecimiento y la puesta en coherencia con un sistema nacional la política de tratamiento para el consumo de drogas ilícitas y lucha contra la incidencia del narcotráfico en la política, el el cuarto es el reconocimiento de los derechos de las víctimas, el quinto es el enfoque diferencial en la promoción por diversos mecanismos de las múltiples ciudadanías colectivas como las de mujeres, sectores LGBTI, jóvenes entre otros.

Hoy las posibilidades que se abren para nuestra acción crítica, creadora y transformadora son muy grandes pero para poderlas llevar a cabo hace falta, la reflexión y la toma de conciencia común a esta necesidad y posibilidad así como la articulación de las voluntades sentipensantes, democráticas y con perspectiva de comunidad. Tareas que nos corresponden a todos y todas, desde lo individual hacia lo colectivo.

Este artículo refleja exclusivamente el pensamiento del autor y no compromete la posición política y/o administrativa de La Estafeta

 Tomado de: http://www.laestafeta.co/single-post/2017/03/27/Perspectiva-territorial-de-la-Paz

 Foto: Semanario Voz

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