Trotaires y los peregrinos

Por: Hernando Urrutia – Director de Programación de Vientos Stéreo

Les contaba de trotaires. Pues nuevamente cuando estaba parado en una esquina tan tradicional como es la calle veintisiete con sexta sur, algo extraño detectó mi cerebro, era una rara sensación que se acercó  casi rozándome, volteé a mirar y era él, sin saludarme y no permitiendo que me repusiera empezó a hablar:  

-Aquí en este santuario tan concurrido puedo ver por la satisfacción en los rostros de los peregrinos que el acto de dar limosna es una sensación de ganar el cielo, una comodidad terrena. Es la tranquilidad de bajar el paraíso a la conciencia y se da limosna para sobornar la ley divina, con una solidaridad fingida.

Hay un pacto entre el mendigo y  el limosdante: recíbeme  y me ayudarás a congraciarme con el creador, pero mas que el más allá está el más acá, mecánicamente integrado al hábito y la costumbre”.

-las campanas replicaban en aquel sitio intoxicado de pies, él  haciendo un paneo con la mirada exclamó:

-¡Cuántos se  quedarían sin ganarse el cielo si se acabaran los mendigos!

Lo miré fijamente no para desafiarlo sino para comprobar que no era yo. Tenía unas facciones suaves pero curtidas y sus ojos daban diversos matices según le diera el sol. Tenía la cabeza blanca era de mi estatura, su timbre de voz parecía un cassette con mi voz, pero no era yo o si no, lo hubiera notado.

Parecía que no le interesaba el interlocutor, si es que eso pudiera ser yo.

-El limosnero es parte de la fe, del concepto religioso de la piedad, allí donde surgen las peregrinaciones están los mendigos, resultados de circunstancias sociales que las generan y las toleran porque no tienen alternativas y crecen amenazando, sintiéndose pertenecidos a una marginalidad a veces rentable que organiza toda una industria de tráfico humano y la explotación del dolor o simplemente queriendo ser simples espejos. Situaciones en las que podrían caer las personas indolentes. Es el castigo que está ahí despertando miedos.

Por eso todos cargamos ese temor en la inconciencia, filón que es explotado magistralmente por quienes negocian con la posibilidad de salvación. Pero nadie arregla nada porque no quieren quitarle la posibilidad a los piadosos de adquirir el cielo en cómodas cuotas ocasionales.

-Sí, repetí asintiendo y una señora me miró extrañada retirándose de inmediato.

-Pero el cuadro que no se sabe es el real, que si uno se pasea minuciosamente contemplando las hileras de personas tiradas en el suelo descubre que  allí en esa baldosa  asoleada o mojada según las condiciones del clima, se encuentra una mujer rodeada de tres o mas niños, sobrecogiendo al transeúnte que no detalla que todos tienen la misma edad.

¿Trillizos? No. Alquiler por el día de peregrinación, con su respectiva tarifa para la madre, el padre o  el familiar que lo alquila. Trucos con realidades se confunden al ritmo del día por donde pasan rezando las horas y al atardecer se dibujan unas siluetas, visitando a los mendigos que sacan unos billetes o monedas pero en todo caso el acto que están ejecutando es el de pagar el sitio  alquilado por  alguien que se apoderó del espacio público y lo hizo rentable.

Pero es una galería interesante el sentarse a mirar cómo una madre de familia pasea la mirada “calibrando” al mendigo con más plata  para ofrecerle un” rato” con su hija.

-Esp….

-Espeluznante, pero no mas que los niños  que se han robado en otras ciudades o pueblos y que los mutilan para ponerlos a pedir limosna.

Un submundo que no nota y no detecta aquel feligrés en el  que uno puede medir el tamaño del pecado por el volumen de mercado que carga hacia la misa.

–         ¿y usted cómo sabe eso?

–         Dialogando con la gente…

–         Pero cuál si no deja ha…

Hablar con gente desplazada por la afluencia de personas que establecieron su negocio en esta, en otro tiempo tranquila plazoleta, es enterarse cómo muchos negociantes que copaban lo espacios de este lugar testigo de los tranvías y  los buses municipales fueron reemplazadas por los grupos de mendigos que inclusive pasaron a ser inquilinos en los barrios vecinos y en el propio, lo que generó una huida del lugar por parte de familias incómodas por el cambio de ambiente en el vecindario.

– No podía negar que sabía muy bien de lo que hablaba. En el centro de la plazoleta, el sacerdote bendecía  todos los objetos levantados al aire, miles de brazos sostenían  desde crucifijos y retratos hasta niños, recibiendo la protección, los ladrones no elevaban las manos si no que las bajaban a los cuerpos de los creyentes absortos

De pronto me dio una foto  diciéndome: hágala bendecir.

-Yo no creo mucho en esas vainas.-le dije-

Me sentí ridículo máxime que estaba fuera de la plazoleta, lo pensé y antes de levantar el impreso, me volteé brusco a preguntarle, quién me obligaba a hacerlo. Pero no estaba por ningún lado, ¡me había hecho la misma  jugada!

Hice el ademán de botar el encargo, pero mi sorpresa fue el verlo adentro, de espaldas alejarse por una calle larga que terminaba en una esquina de la lámina.

Fotos: Vientos Stéreo

 

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