¿Plebicito, pleblisito o plebiscito? ¿Qué pasó?

Por Nelson Ricardo Amaya Espitia, comunicador social.

 

El resultado del 2 de octubre fue, en cifras redondas, un 62, un 63 % de abstención; y entre un 37 % restante, 50 % por el no; 49 % por el . Prácticamente un empate. ¿Perdimos todos los colombianos? Hay algunas ideas para proponer por qué pasó lo anterior:

Muchas personas de otros países ya habían dicho antes de las votaciones que sería algo inentendible e incluso absurdo que ganara el no. Por ejemplo, el expresidente de Uruguay Pepe Mujica afirmó: “Si Colombia dice ‘No’, queda como un pueblo esquizofrénico”. También lo afirmaron algunos colombianos.

Y pasó. Conmoción, perplejidad y una gran tristeza de más de 6 millones de colombianos, especialmente de víctimas quienes se hicieron visibles por sí mismas en los medios masivos antes del plebiscito y lo hicieron votando afirmativamente en las zonas del país más azotadas por la violencia. Y ahora una gran incertidumbre llena de temores.

¿Odio y venganza?

Muchos de los promotores del no[1] expresaron con sus palabras un odio hacia las FARC, hacia el presidente Santos, hacia los negociadores del gobierno, hacia las víctimas del Estado o del paraestado, hacia los defensores del sí, incluso hacia periodistas. También algunos promotores del sí, mínimos, se dejaron llevar por el odio. No hay que olvidar que detrás de esto hay alrededor de 250 mil muertos, una cifra conservadora en mi opinión, y más de ocho millones de víctimas directas según reconocen diversas fuentes públicas y privadas. Sin embargo, la mayoría de las víctimas no expresaron odio sino todo lo contrario. Repito, en los territorios más golpeados por la violencia votaron por el sí.

Hay mucho odio, pero también hay serenidad acompañada por una esperanza de verdad, más que de justicia, a la manera de la ley del talión, y de reparación. Los colombianos deberíamos escuchar los mensajes de todas las víctimas presentes y futuras.

¿Mentira?

Evidentemente la campaña del no fue una campaña plagada de mentiras, que sin duda son un insulto a la inteligencia no sólo nuestra sino a la de la llamada comunidad internacional, que ha apoyado los acuerdos de La Habana. No vale la pena mencionar una sola de esas elementales mentiras, ni las verdades a medias. ´Media verdad es una mentira entera´.

Ahora bien, para el ciudadano iletrado, y para algunos letrados también, es muy difícil entender que hay verdades científicas, periodísticas, jurídicas, políticas, literarias o artísticas, religiosas; y más todavía, verdades objetivas-subjetivas, formales-dialécticas. Pero así como el acuerdo contempla verdad de los que ha sucedido en medio siglo, también una campaña política debe hacerse sobre la base de verdades. Uno no puede decir que no le cree al otro diciendo mentiras.

Ignorancia crasa, política y de los temas del acuerdo.

Como quedo evidente en la publicidad, formal e informal, en los impresos masivos y los llamados memes (que no lo son y más bien muchos son memez), el ciudadano medio colombiano no diferencia entre si y o entre plebicito, pleblisito o plebiscito. Y no quiero dar nombres propios pero basta echar una mirada. Esto es verdaderamente lamentable y más si no les importa esta diferencia[2].

¿Puede este mismo colombiano distinguir entre conservatismo y liberalismo, entre socialismo y comunismo, entre democracia y dictadura, entre democracia formal y real, entre democracia representativa y participativa, etcétera? ¿Se puede llamar una democracia aquella donde un 63 % no vota! ¿Puede un colombiano medio, simplemente saber quién es Rodolfo Llinás o saber cuántos fueron los puntos del acuerdo, para no hablar acerca de qué trata cada punto? Usted, lector tiene la respuesta. Si la respuesta es negativa, como parece, este es un gran problema.

Responsables.

Parte de la responsabilidad de este gran problema está en el Estado colombiano, parte en los medios masivos y parte en los propios colombianos. Para el Estado colombiano la educación de los colombianos nunca ha sido prioridad, especialmente la educación política (arrasada, entre otros, por el Frente Nacional y la carencia de un estatuto de la opción después de la Constitución del 91). Durante estos cuatro años de negociación nunca se divulgaron con suficiencia los acuerdos, ni siquiera lo hizo el Mineducación, ni siquiera lo hicieron los medios masivos. Hay que ver la publicación de los acuerdos en medios masivos: un solo día y con un tamaño de letra similar al de los contratos bancarios de antes, ¿todavía? Y hay que ver la desinformación, en especial de ciertos medios.

¿Y los ciudadanos? Entre el desconocimiento y, lo que es más grave, la indiferencia. ¿Cómo es posible que a un 63 % de los colombianos no le importen los más de 6 o 7 millones de víctimas directas, la vida de los niños que van a vivir en este país, parar la “fábrica de víctimas”, como la llamó alguien, el destino del país? Esto me hace pensar en las imágenes recurrentes que pasan en la televisión donde los ciudadanos son atracados en la vía pública y los que están al lado no hacen, no hacemos nada.

La respuesta a este problema puede estar en la educación que tenemos los colombianos, en lo que machacan los dueños y trabajadores (periodistas) de los medios masivos y ahora en lo que se divulga en los medios digitales (la verdad, mucho dedo y poco cerebro). No puedo olvidar la expresión de un ministro de comunicaciones que en los años ochenta afirmó que: “es que la radio en Colombia muele basura”. Hay que ver lo que se escucha y se ve en la televisión colombiana. ¿Así como se puede tener un país vivible?

Parece que los problemas en Colombia no son la gran inequidad, cuyo nombre propio son las pobrezas materiales y espirituales; no es la corrupción política y económica; no es la violencia generalizada; no son los grupos subversivos; los problemas de Colombia son la falta de solidaridad, de respeto y de educación de los colombianos, somos los colombianos.

Sin embargo, ahora sigue la lucha de esos más de seis millones de colombianos que votaron por el Sí para que se detenga la guerra.

Coda: quisiera invitar a Claudia Gurisatti y al senador Uribe, que dicen que los guerrilleros no van a tener penas, a que vayamos con ellos unos dos meses a desactivar minas antipersonal. A propósito, ¿fueron ellos los que inventaron estos artefactos y los usaron por primera vez en el país?

[1] Por ejemplo, Claudia Gurisatti.

[2] Sin duda el del vicepresidente Vargas fue un si, incongruente con el del gobierno. También lo fue para muchos colombianos que votaron por el Sí.

Foto: el espectador.com

Las opiniones aquí plasmadas son única responsabilidad de su autor exclusivamente.

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