La verdad

Cuantas verdades hay.

No hay varias verdades. La verdad es una, las interpretaciones, miles.

Lo que vivimos son interpretaciones de la realidad, pretendiendo cada una ser la verdad. Eso es distinto a que cada uno tenga la verdad. En esa medida una tiene que triunfar sobre las otras. El cuento posmoderno de cada uno con sus verdades, es el método de la conciliación artificial.

No podemos hacer armónica una interpretación de la realidad con otra que le sea contraria.

El encuentro de dos interpretaciones de la realidad, antagónicas, sirve más bien para que alguna de las dos se fortalezca o a veces los antagonismos sirven para fortalecerse mutuamente. No es cierto que la verdad se reparta en pequeños trozos personales. Es imposible armar una verdad en donde hay piezas que no cazan en el rompecabezas.

Existen versiones que se elevan a la categoría de ortodoxia irrefutable y a veces se consolidan a través de las costumbres y de las leyes, así como también hay interpretaciones que facilitan el olvido y se convierten en impunidad histórica Se trata pues de que una interpretación y una verdad falsa nos impiden descubrir el verdadero contenido de los hechos y la falsa interpretación hace de la realidad un cajón oscuro. En la interpretación de la historia, el concepto está contaminado:

Se busca un resultado, la hegemonía.

Ahora, es evidente que la interpretación de la realidad le sirve a alguien y su aplicación genera unas expectativas de resultados determinados, y que hay momentos históricos en los que la verdad no se nota porque está amordazada. La propaganda de muchos regímenes apunta a validar socialmente sus medidas mediante la interpretación sesgada y al acomodo de su propietario. La historia contada por quienes tienen la intención de utilizarla para su perpetuación se convierte en la clara ignorancia de los hechos que una vez mas nos condena a repetirla.

Lo que es cierto es que detrás de la falsa verdad se esconde un victimario.

Generalmente nos han contado la historia desde los vencedores y lo lógico es que en un relato, la víctima y el victimario tienen dos versiones de los mismos hechos.

Por eso podemos afirmar que nos han enseñado una historia que es más lo que oculta que lo que esclarece.

Es así como nos fabrican una memoria ajena, nos hacen esclavos de la falsa verdad a fuerza de repetirnosla y volverla hegemónica. Nos trastocan la memoria como aprendizaje por medio del recuerdo. Podemos afirmar que si conocer la historia es conocernos a nosotros mismos, llevamos siglos desconociéndonos.

A partir de este mecanismo ya somos subyugados por el destino que otros nos han impuesto.

Nos han gobernado a punta de “verdades” hegemónicas, en la que nos ha sido vedado descubrir el verdadero contenido de los hechos. Nos lanzan una interpretación engañosa para que sigamos engañándonos por generaciones.

Y la distorsión es el sicario de la verdad, trastorna la ética y voltea la realidad a su favor. Por lo tanto no esperemos nunca que los vencedores hablen por los vencidos, que los grupos económicos reflejen a los excluidos, que los victimarios fraternicen conceptualmente con las víctimas.

Con la mentira queda sellada la gran puerta a la historia, no solo la que ha transcurrido sino también la que está transcurriendo.

Por ley, cuando la mentira trasciende, la verdad se restringe proporcionalmente.

No se puede aprender de una experiencia mal resumida, porque en resumidas cuentas debemos saber con certeza, cual es la herencia de la que nos tenemos que apropiar.

El victimario interpretativo nos induce a recordar la suerte que otros no han corrido erigiéndonos en jueces mentipulados que terminamos absolviendo a los verdugos y se consolida un marasmo e inmovilidad mental que nos hace parte de una opinión pública engañada y una sociedad engañada es una sociedad inconciente. La memoria nunca es imparcial a veces cuenta con la complicidad del silencio histórico, cuenta lo que se dice pero también lo que se ha dejado de decir.

Es bueno traer a cuento la famosa frase “el que no conoce la historia está condenado a repetirla” pero habría que agregarle que el que la interpreta mal, también, y ese ha sido el permanente ejercicio. El pueblo que no posee la verdad, no maneja la libertad.

A veces la falsa verdad tanto se afirma que se convierte en casi inmortal. Es la planta que esparce su líquido venenoso para que otras no crezcan y sean por siempre raquíticas. Para ella, ese humus (la realidad) es su propia sobrevivencia, si las otras interpretaciones logran alimentarse igual, su fuerza caerá irremediablemente. Funciona a través de todos los tiempos y ha sido un instrumento eficaz para mantener manejada la población. Es así como se sustenta el poder “quien gane la mente del hombre ganará la guerra” dijo un general hace unas décadas y la guerra la están ganando quienes tienen toda la posibilidad de socializar su interpretación de la realidad.

La historia de Colombia ha sido mal contada y es más, la real nos la volvieron a repetir y a punta de hacerlo muchos hemos perdido la esperanza de conocerla.

Los intelectuales que han descubierto algo, escudriñado, han estado en desventaja en la capacidad de difundir su versión y el establecimiento no se ha detenido en fabricar borrosidades y olvidos sobre lo real, incluyendo la eliminación física de sus contradictores: podemos decir que la historia se suicida con el veneno de la mentira.

El conocimiento alternativo se ha abierto paso muy lentamente y ha sido un esfuerzo titánico explicar a la gran mayoría, la verdad de nuestra historia, máxime cuando se ha entronizado un inmediatismo angustioso que no permite intelectualismos que suenen muy teóricos.

Pero si bien es difícil inducir a la gente a apropiarse de herramientas con miras a la libertad, también es cierto que todos los días la vida nos da la oportunidad de interpretarla y ese es el gran esfuerzo que hay que hacer para construir un conocimiento alternativo capaz de conmover, dotar y en un momento dado movilizar sectores en torno a la democracia, teniendo en cuenta que la que vivimos, no lo es.

Dejando en claro que la sola enunciación de la palabra no significa la realización o aplicación de la misma. Y ahí entrar a jugar la interpretación, el uso del lenguaje que ha dado por resultado lo contrario de lo que se enuncia. El abuso que se hace sabiendo que con ello se despiertan sentimientos, simpatías y se mimetizan las verdaderas intenciones.

Pero que debemos hacer?

Hay que hacer ejercicios de búsqueda de la verdad e, inevitablemente,

para que triunfe la verdad, tiene que andar sobre el cadáver de la mentira.

Mientras unos “historiadores” buscan con habilidad velar la historia, nosotros estamos obligados a descubrirla, generando un mecanismo que permita rescatarla.

Ya hay unas versiones más acordes a la realidad, que están muy restringidas porque no son la “verdad” oficial, debemos seguir el camino que muchos han abierto, pero la verdad todavía está en camino, nos corresponde salir a recibirla y una de las cosas que hay que aclarar es el manido sentido de pertenencia, Para minimizar nuestra visión del mundo nos han echado ese cuento, pero una cosa es el sentido de pertenencia y otro la parcelación de la realidad, la fragmentación y descontextualización, es decir que a la verdad revelada hay que cambiarle la v.

Por Hernando Urrutia Vásquez. Director de Programación de Vientos Stereo

Foto: Perfil de Hernando Urrutia en Facebook

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