Cuando llegan los años

Por: Hernando Urrutia V. Director de programación de Vientos Stéreo

Una o varias preguntas:

Estamos en un país que de verdad quiere a los viejos?

En serio se venera el conocimiento de esta población por parte del Estado?

Permítame reirme: respeto, protección,…. y pare el discurso, es decir no echemos más carreta

Primero veamos en qué clase de sociedad  vivimos: una bandera, la de ser productivos la levantan quienes consideran que toda la humanidad tiene que estar al servicio de los que por muchos años nos han gobernado y en ese sentido les causa fastidio que las fuerzas, vayan  disminuyendo con los años: por ejemplo la flamante directora de la Onu, que la emprendió contra la tercera edad considerando a los viejos como una carga (por lo joven que está ella) o la expresión de un expresidente colombiano ya fallecido que consideraba al “adulto mayor” (como también nos denominan,) pura y física chatarra. Hemos pasado de ser  la fuente del saber al de depósito de desechables.

La voracidad necesita gente en edad de producir por lo tanto la vejez se convierte en un estorbo y esto ha sido incorporado culturalmente.

Algo reemplazó  la utilidad del anciano en la sociedad  y ahora no es el que atesora, “ya se puede morir que no dependemos de usted”.

Un memorable candidato esbozó la propuesta: “como hay muchos jóvenes sin oportunidades, implantaré el control de la natalidad Para que haya menos jóvenes”, digo yo que eso ayudaría a que no haya más viejos también. Ya pasamos de ser los que cargábamos todo el peso de transmitir la experiencia, porque  hoy  no se necesita y hay que comprender  que a la vejez también la regula el mercado por lo tanto no es gratuito que todo el tiempo se estén  sacando estadísticas para saber el número de personas que no aportan a la sociedad y sí se benefician del Estado, así que no nos extrañemos que los derechos devinieron en subsidios y luego en limosnas y en  golpes de buena suerte “estuve de buenas” exclamamos si nos va bien en el reparto de las moronas.

Pueden elaborar las leyes más estrictas señidas a los derechos humanos, pero mientras estén dentro del concepto del mercado y el parámetro neoliberal de  vida útil, mientras la inversión social se considere un gasto y no una inversión y que se encamine la sociedad y sus instituciones hacia una vida plena  y de solidaridad colectiva, que impida las desprotección social en sectores que la necesiten seguirán, habiendo casos como los de la localidad Antonio Nariño en donde un hogar geriátrico –centro noche-tiene que rifar mediante balotas quien duerme en la calle y quien  adentro  en una especie de azar o pico y placa si prefieren darle ese nombre.

De treinta a cuarenta “abuelos” se quedan por la calle y este azar ha generado infartos por angustia ante los resultados del sorteo

 Felicitaciones por el éxito del pico y placa

 

Foto: Hernan Riaño

 

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