Bienvenidos al pesimismo científico

Por: HERNANDO URRUTIA Director de Programación  – Vientos Stereo

Ya bien entrada la tarde  me retiré a elaborar el artículo el cual me había comprometido para un periódico.

Lo tenía clarito, sin embargo todo lo que me había dicho trotaires acerca de la verdad zumbaba en mi cabeza  contrarrestando mi tarea. Así que salí esa noche a esperarlo.

Sabía que por allí pasaría rumbo a la montaña después de haber cargado los malos olores de “doña Juana” en su cuerpo y haberlos llevado lejos, evitando más epidemias.

 Cerca de la medianoche sentí un ruido que se acercaba y a medida que lo hacía trataba de  oír algunas palabras. Un desfile de palabras llegó a mi oído que intentando entenderlas agucé  los sentidos.

–  Le voy a explicar:-me dijo acercando su frío a mi humanidad desconcertada.

-Vivimos –empezó-una época en la que  nuestros gobernantes  toman medidas a su acomodo y quien se oponga  porque considera que  no servirá su puesta en marcha, lo tildan de pesimista.(el término más suave)

-¡Sí, era trotaires! ¿pero de qué diablos hablaba?

-Si pensamos desde ahora, en que no servirá un proyecto, un tratado, una medida, será un fracaso no por lo mal diseñada y lesiva sino porque existen personas con un alto grado de negatividad, es su lógica.

La ruina del país se debe entonces a aquellas aves de mal agüero, que no le hicieron el buen ambiente a los planes diseñados.

-Es un hecho que la entrega de los recursos naturales, la venta de ECOPETROL, ISAGEN y su consabido desequilibrio para las entradas al tesoro público, frente a todos los discursos de bienestar, de la que habla la propaganda, la entrega del mercado interno a los productos extranjeros, que están llevando al traste la producción nacional, repercutirá en el aumento de la línea de la pobreza y en la delincuencia. Agregándole  las cargas tributarias. Ante esto hay dos opciones: el optimismo y el pesimismo. No estoy hablando de las conductas personales en las cuales el mundo interno es importante para las realizaciones  particulares, sino de las circunstancias que llevan a la humanidad por un derrotero y que sus líderes encausan por el buen o mal sendero, en el caso de Colombia me declaro del lado de los pesimistas pero pesimistas científicos, de aquellos que prefieren acopiar lo mal que anda el mundo para buscar una salida, porque pesimista científico es  el realista, que se atiene a lo que la realidad es, para proponer la que debe ser. Es el que distingue un humedal, de un paraíso.

Si se es pesimista científico se buscan las metas, no se espera a que lleguen, porque se sabe que una meta es un propósito que puede ser colectivo o individual y no se atiene a la dudosa voluntad de quienes las trazan.

El pesimismo  científico es la alerta temprana al desastre, porque no se forja ilusiones con los  abismos maquillados y advierte, después de acopiar las informaciones pertinentes, que el  desastre viene cuando caiga la cosmética y quede la cruda realidad.

A todas luces busca  contribuir con conceptos independientes, evitando el sesgo opresivo y dirigido con la convicción de que es mejor un pesimismo autónomo que un optimismo impuesto. ¿De dónde salen las explicaciones posteriores de los errores cometidos por quienes tienen síndrome de rebaño y que con el concepto de que el que peca y va a misa empata, piden perdón si es que lo hacen, de algo que hicieron bajo advertencia?

Contrario a lo que se piensa, el pesimismo científico no es la visión negativa, busca una salida a la oscuridad, porque tiene acopios de lo mal que anda el mundo.

Es mejor un pesimismo realista que un optimismo rosa y banal, aquel es libertario y nos protege de las desilusiones y los desencantos, estimula al optimismo realista, desenmascara el engaño y las cuentas alegres, las interpretaciones rosa de la realidad.

Se es pesimista científico para eliminar el negativismo, porque sabe que no toda crisis es catástrofe.

Los pesimistas nos encargamos de  hacer el inventario oculto.

En cambio el optimismo ramplón es la felicidad de los idiotas, amar el optimismo es amar la guillotina, en este país de consignas inducidas.

El optimismo no es válido si está negada su realización.

Hay que practicar el pesimismo irreverente, que baja máscaras y descubre verdades amordazadas.

Sólo se puede ser optimista cuando haya méritos para hacerlo.  Es decir cuando el pesimismo no pueda refutarlo.

Foto: Archivo de Facebook de Hernando Urrutia
Imagen: Hernán Riaño

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