De cómo el Humedal Córdoba le ganó la batalla a Peñalosa

 Nathalia Guerrero
Periodista. Cazadora del misterio de las pistas de baile colombianas en THUMP Colombia. Narradora de fenómenos urbanos y underground en VICE Colombia.

El pasado seis de febrero a eso de las ocho de la mañana, cerca de cien personas en bicicleta comandadas por la Fundación Humedales Bogotá,  se pusieron cita en la 117 con Suba para recorrer en una gran bicicaravana los humedales de nuestra ciudad. Mientras tanto dos bicicletas recorrían a toda la 116, entre calles y ciclorutas; éramos mi novio y yo que íbamos tarde para la cita, pero pensábamos interceptar a los asistentes en alguna parte del recorrido, que iniciaba en el Humedal Córdoba, pasaba por el Río y el humedal Juan Amarillo, luego iba por el del Club los Lagartos y terminaba en el Humedal de Salitre.

Desde hacía una semana, y contagiados con el espíritu ambientalista que se vivía en la ciudad debido a nuestros cerros incendiados, ambos nos habíamos puesto una cita con la bicicaravana, ansiosos por sumergirnos y conocer más de los remansos naturales que siguen preservándose dentro de nuestra ciudad, ¿y por qué no comenzar con los humedales?

Así, pasamos una hora tarde por el punto de encuentro, dándonos cuenta de que todos los asistentes seguían allí esperando a más personas. Apenas llegamos nos registramos y nos dieron una placa para las bicicletas, acompañadas de unas láminas de cartón pequeñas que ilustraban las especies endémicas de los humedales: estaba la famosa tingua bogotana, la margarita y el cucaracho de pantano, aparte de los diferentes humedales que se erigían en nuestra ciudad.

Un parque muy bien cuidado nos separaba del humedal,  lo atravesamos y dejamos las bicicletas, adentrándonos entre los árboles y el olor a tierra húmeda, abandonando la ciudad que conocíamos.

El recorrido fue realizado por la fundación con motivo del día mundial de estos importantísimos territorios, que se celebra cada dos de febrero para conmemorar la firma del Convenio sobre los Humedales en 1971 a orillas del Mar Caspio, en la ciudad de Ramsar. El convenio, mejor conocido con el nombre de esta ciudad, se estableció para promover la conservación y el uso sostenible de estos ecosistemas, que importan básicamente porque funcionan como albergue para especies de aves endémicas y migratorias, aparte de microorganismos, insectos e invertebrados, todos vitales para el equilibrio del resto de ecosistemas.

Sin embargo, a primera vista, un humedal no parece un territorio complejo; de hecho el mismo convenio los define de manera simple: “una zona de la superficie terrestre que está temporal o permanentemente inundada, regulada por factores climáticos y en constante interrelación con los seres vivos que la habitan”. Quizá porque solo parecen fracciones de tierra encharcada es que hasta hace pocos años el mundo se puso las pilas con estos lugares. Debido a los daños causados por su conversión para la agricultura, el desarrollo industrial en las ciudades o las alteraciones artificiales, los humedales y su conservación se volvieron no sólo un tema primordial para Bogotá en los últimos años, sino para el mundo en general.

El recorrido sin embargo duró media hora. Encantados por la primera parada, que era el Humedal Córdoba, y conmovidos por recuerdos de infancia y adolescencia que habíamos vivido por separado en ese lugar, decidimos dejar atrás al grupo y explorar a fondo el terreno, dando la vuelta para entrar por el barrio Niza Antiguo. Un parque muy bien cuidado nos separaba del humedal, así que lo atravesamos en bicicleta e iniciamos un recorrido a pie, adentrándonos entre los árboles y el olor a tierra húmeda, mientras abandonábamos la ciudad que conocíamos con cada paso que dábamos. En el par de horas que duramos inmersos en el humedal nos topamos con un curubo cargado de flores rosadas, comimos moras silvestres, vimos libélulas azules apareándose en el aire, tocamos con nuestros dedos un agua que nos llenó de pepitas verdes llamadas lentejitas de agua o lemma, mientras los zancudos que abundaban en el aire hacían de las suyas con la piel que teníamos descubierta. Fueron horas de renovación, y sobre todo de redescubrimiento de nuestra ciudad, que a tan solo unos minutos de caminata podía albergar ecosistemas tan enriquecedores y sobre todo diferentes a la manera en la que concebimos Bogotá.

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Chorlos playeros. Foto archivo de Mauricio Castaño.

Sin saberlo, habíamos elegido un buen momento para detener nuestro recorrido y ahondar en una de las paradas. Bueno es cierto, desertamos al comienzo de la caravana, casi no montamos bicicleta y no seguimos conociendo el resto de humedales, pero en cambio, decidimos quedarnos en el más biodiverso de Bogotá y hasta de Colombia, según dice Luis Jorge Vargas, biólogo de la Pontificia Universidad Javeriana, gran conocedor en restauración ecológica de humedales andinos, ecología de bosques, de páramos y director durante nueve años del área de recursos naturales de la Fundación Humedal la Conejera. “El de Córdoba es un humedal ejemplo en Bogotá y Colombia, porque es el único en este momento que responde a la política de humedales que habla específicamente de un caudal ecológico”. Con esto Vargas se refiere a la cantidad de agua que el mismo cauce necesita para preservar sus valores ecológicos, y en el caso de este humedal, se le construyó un sistema para que el agua se mantuviera sin importar el paso del tiempo.

Ni este proyecto, ni mi recorrido ese día por el humedal hubieran sido posibles sin todos los años de unión y resistencia de la gente que lo rodea. O quizá sí hubiéramos podido andar en bicicleta, pero probablemente solo habríamos rodado por alamedas y ciclorrutas hechas de concreto, que bordearían un cuerpo de agua al que le fue arrebatada toda su biodiversidad, tal como le sucedió a buena parte del Humedal Juan Amarillo, una historia que contaré más adelante.

“Enrique Peñalosa tenía su idea de hacer parques recreativos o lineales en los humedales” Mauricio Castaño.

Antes de que Peñalosa llegara a la Alcaldía, en 1998, los vecinos del humedal Córdoba, pertenecientes a los barrios de Niza Antigua, Niza Córdoba, Lagos de Córdoba y alrededores, ignoraban casi por completo el cuerpo de agua que tenían al lado. Pero uno de los proyectos del Alcalde de ahora y de ese entonces, que tenía como nombre “Rehabilitación de las Zonas de Ronda y Zonas de Manejo y Preservación Ambiental del Humedal de Córdoba”, puso los ojos de algunos habitantes de la zona sobre el Humedal, sospechosos de lo que realmente significaba el proyecto.

“Enrique Peñalosa tenía su idea de hacer parques recreativos o lineales en los humedales”, me cuenta Mauricio Castaño, coordinador del Comité Ambiental de la JAC o Junta de Acción Comunal del barrio Niza Sur, que se conformó en esa época como producto del desacuerdo de los habitantes con algunas propuestas de la Alcaldía y el hecho de que el barrio se estaba inundando de comercio. “Esos parques recreativos se vendían como una manera de hacer recuperación ecológica, lo cual no era cierto. Cuando se creó el comité ambiental empezamos a conocer el territorio. Nos fuimos al humedal, empezamos a recorrerlo todo, a investigar, a buscar información, fotografías y empezamos a descubrir la riqueza natural que había allí”.

Entre otras cosas, el proyecto de rehabilitación incluía plazoletas de gran tamaño, ciclorrutas de varios metros de ancho construidas en asfalto y adoquines, varios postes de iluminación, la adecuación de un embalse gigante y la tala de árboles para adquirir más espacio; “A todas luces, el proyecto no representaba una solución efectiva a los problemas del humedal”, afirma Luz María Gómez en el libro “El Humedal de Córdoba: un Derecho Colectivo Hecho Realidad”, que realizó en compañía de Mauricio. “La mala calidad de sus aguas no se resolvía y, por tanto, la reducción progresiva del cuerpo de agua y del área inundable se mantenía, lo mismo que el deterioro de sus estructuras hidráulicas y la pérdida de sus cuerpos lagunares; los desechos sólidos lo seguían invadiendo, el impacto del tráfico sobre el humedal no se superaba y, más grave aún, se iba a presentar un incremento significativo de la gente que quería pasear por la ciclorruta en busca de esparcimiento”.

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Humedal Córdoba, vista aérea.

Y aunque no tenían la información que tienen ahora, en los noventa coincidió que  ya se le estaba empezando a dar importancia a los humedales en la ciudad. No solo estaba el tratado de Ramsar como una guía a seguir al pie de la letra, sino que se estaba empezando a conocer información como la del Humedal de la Conejera, gracias a organizaciones y fundaciones como a la que perteneció Luis Jorge. Según Mauricio, el proyecto de Peñalosa nunca fue de recuperación ecológica, sino un proyecto de urbanismo en un área natural protegida. “El proyecto era de recreación ‘pasiva’, que realmente era activa, y revisando toda la normatividad ambiental de ese momento, el Distrito estaba desconociendo todas las normas”. Con conocimiento de su territorio, de las normas que lo regían, de los actos que violentaban ese terreno según la ley, y con una imagen más clara del panorama, la Junta de Acción Comunal, recién conformada en ese entonces, decidió acercarse al Acueducto y a la Secretaría de Ambiente de Bogotá para defender la preservación de un territorio que hasta ahora conocían, pero que empezaron a considerar muy importante para su comunidad y su ciudad.

Sin embargo, la respuesta por parte del Distrito fue desalentadora. Después de muchas reuniones donde las respuestas por parte de los entes estatales hablaban de la inminencia de la obra de Peñalosa y de lo poco que podían hacer al respecto, los vecinos decidieron reunir toda la información que pudieron y abrir el expediente del Humedal Córdoba. “Lo mismo hicimos en la Defensoría del Pueblo, en la Procuraduría delegada para asuntos ambientales y en la autoridad ambiental”, afirma Mauricio.

“El de Córdoba es un humedal ejemplo en Bogotá y Colombia: es el único en este momento que responde a la política de humedales que habla de un caudal ecológico” Luis Jorge Vargas.

A punta de presión, la Junta consiguió reunir información suficiente a través de la Procuraduría para confirmar sus sospechas: “el proyecto de Rehabilitación de las Zonas de Ronda y Zonas de Manejo y Preservación Ambiental del Humedal de Córdoba alteraba drásticamente el ecosistema y ponía en riesgo la flora y fauna que había en ese momento”, afirma Mauricio, que si bien admite que el humedal en ese entonces no tenía la diversidad que tiene ahora, sí asegura que el  el área tenía un potencial ecológico muy importante desde ese entonces. Con esta información, se reunieron con los directores del Acueducto a través de la Procuraduría, pero la respuesta fue la misma: vamos a ejecutar el proyecto después de todo. Como último recurso, y sin lograr ningún diálogo satisfactorio con el Acueducto, la junta decidió emprender finalmente el camino judicial e interponer una Acción Popular en el año 2000 frente al Tribunal de Cundinamarca.

La acción popular no sería el final del problema para los vecinos del Humedal Córdoba sino prácticamente el comienzo. “En 2001 la Acción Popular falla a favor de nosotros, y en septiembre del mismo año el Consejo de Estado ratifica el fallo”, afirma Mauricio. El fallo era claro en sus instrucciones, dadas por una magistrada: ordenaba a la Empresa de Acueducto a reunirse con la JAC, concertar lo que se debía hacer con el humedal, pactar un Plan de Manejo Ambiental y empezar inmediatamente después con las obras.

Foto vía El Tiempo

Humedal Córdoba, vía El Tiempo

Pero ni el Acueducto ni el DAMA (Departamento Administrativo de Medio Ambiente), que era la autoridad ambiental en esa época, estaban interesados en seguir las instrucciones. “Comenzaron a tomarnos del pelo”, alega Mauricio, “empezaron a buscar reuniones con la CAR y trataban de hacernos firmar documentos que no cumplían con lo que el fallo había dicho que había que hacer, y como no había coherencia entre eso y lo que ellos proponían, pues no firmábamos las actas y nos íbamos”.

La desgastante dinámica continuó así hasta que, en 2002, la Empresa de Acueducto decidió iniciar las obras que Peñalosa había planeado inicialmente en el Humedal Córdoba desconociendo el fallo, y mandó unos topógrafos a la zona para iniciar la obra de paisajismo. Inmediatamente la junta de vecinos demandó a la empresa por desacato: “eso se fue al tribunal, perdieron, los condenaron por desacato, vuelven a apelar, van al Consejo de Estado y allá otra vez pierden”. Para 2004 la Empresa de Acueducto ya había recolectado ¿acumulado? cuatro fallos de las altas cortes, los cuales demandaron con tutelas ante el Consejo de Estado de nuevo. Pero el fallo que ya había logrado la Junta de Acción Comunal un año atrás era inamovible: “Los consejeros de Estado les dijeron ‘tienen que cumplir el fallo porque está bien respecto al debido proceso y respetó los derechos que ustedes tenían”. Sin embargo no fue sino hasta 2005, cuando el Polo llegó a la Alcaldía con Lucho Garzón, que se dieron las condiciones para que ambas partes se sentaran a concertar, como hacía tanto tiempo había ordenado la magistrada.

Así que después de cinco años, por fin se sentaron en la mesa el representantes del Acueducto, la Secretaría de Ambiente, la Defensoría del Pueblo, la Procuraduría, el Ministerio de Ambiente y los vecinos del humedal, que tanto habían presionado y se habían movido para defender un territorio aledaño que habían adoptado como su responsabilidad. “El proceso duró hasta el 21 de abril de 2006”, me cuenta Mauricio “y en ese lapso logramos un documento concertado firmado por ambas partes que estaba ahí como compromiso legal en cumplimiento del fallo, que luego le llevamos a la Magistrada”.

El proyecto de rehabilitación incluía plazoletas de gran tamaño, ciclorrutas de varios metros de ancho construidas en asfalto y adoquines, varios postes de iluminación, la adecuación de un embalse gigante y la tala de árboles.

Con un documento sobre la mesa, las cosas empiezan a cambiar, y ya para 2007 el Acueducto contrata la elaboración de un Plan de Manejo Ambiental (PMA), que donde se realiza un diagnóstico de la zona específica, de lo que hay en ella, de lo que se debe hacer y a partir de ello realiza un plan de acción. “Lo importante es que en ese plan de acción quedan todos los elementos de la concertación” aclara Mauricio, que me enumera uno a uno lo que incluyeron en ella: “Primero hablamos de llevarle un caudal ecológico al humedal, desde una quebrada de los Cerros Orientales. También incluimos recuperar las zonas donde se perdió el espejo de agua, a través de dragados ecológicos muy bien hechos. Concertamos también el cerramiento del humedal y la corrección de todas las aguas que llegan y lo contaminan, quedó el compromiso de que el humedal debía tener administración, y de que se debía hacer cerramiento, especialmente en el límite con las avenidas”.

Pero durante la elaboración del Plan de Manejo Ambiental, que se realizó con consultores del IDEA (Instituto de Estudios Ambientales) de la Universidad Nacional, también les tomaron el pelo a los de la Junta. “Llegamos a tener hasta cuatro versiones del Plan de Manejo Ambiental sin que incluyeran el documento de concertación, hasta que les metimos un segundo desacato, y con este la Magistrada nos sentó en una etapa de conciliación y nos dijo: “Les voy a dar 15 días a para que se pongan de acuerdo. Si no lo logran yo continúo con el desacato y genero una sentencia,  ustedes me avisan”.

Esto fue lo único que dio resultado. La pelea de casi un año tuvieron que solucionarla en dos semanas, con los de la Junta asumiendo el papel de asesores. “Esta fue la etapa más grave con ellos”, asegura Mauricio, “la cual nos demostró la resistencia que hay de muchos funcionarios, cuál es el manejo político que hay, porque las instituciones tienen un lastre de funcionarios de diferentes partidos, que vienen de décadas y que están ahí, cumpliendo órdenes de otras personas”.

De pasar a tocar fondo, los defensores del Humedal Córdoba empezaron a mirar hacia arriba. Y así poco a poco y año tras año el Distrito, siguiendo la letra del PMA, contrata las obras, que ya han cumplido diferentes fases, para la recuperación y el mantenimiento del humedal: “El año pasado se terminó la tercera fase de cerramiento, la segunda fase de recuperación de hábitat acuático, se construyó la primera fase de paisajismo y unos senderos elevados en madera, que fueron el reemplazo de las ciclorrutas que querían hacerse”.

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Humedal de Córdoba, foto vía Humedales de Bogotá.

Pero eso no significa que la Junta de Acción Comunal haya bajado la guardia. Por  el contrario, la comunidad se creció y se organizó en equipos interdisciplinarios para seguir de cerca el cumplimiento de las obras y evitar los “micos”, cómo los denomina Mauricio. “A cada contratista que llega no le cuentan que hay un fallo, no le dan el documento de concertación, y los dejan a ciegas para que ellos hagan lo que crean, lo cual ha generado muchos problemas”. Tal fue el caso del sendero de paisajismo, que terminó siendo una mezcla de diseños y materiales, debido a desacuerdos entre el contratista y lo establecido en el documento de concertación”.

Cuando le pregunto a Mauricio qué teme de la actual Alcaldía de Peñalosa, me responde con el tono calmado de una persona que ha trabajado y perseverado para estar donde está hoy. “Nosotros en Córdoba estamos muy tranquilos con el fallo”, me asegura, explicándome que este les dio la oportunidad de cogobernar con el Distrito. “Es increíble lo que puede lograr un fallo de Acción Popular, porque desde que salió el documento de concertación nos hemos sentado con los funcionarios a tomar decisiones y hemos hecho cambiar muchas cosas”.

Pero para él lo más bonito de este extenso proceso es haber formado un equipo cordial y colaborativo con la Empresa de Acueducto y la Secretaría de Ambiente: “A pesar de que hay micos siempre hay funcionarios que trabajan muy bien, cooperan y entienden el alcance de lo que jurídicamente hay allí, y les parece que es valioso y que vale la pena seguir haciéndolo”.

“Este es un humedal que muestra cómo lograr con pocos recursos  un efecto muy provechoso en términos de costo-beneficio para el ecosistema” evalúa Luis Jorge Vargas.

La Junta igualmente sabe que hay muchos proyectos de vieja data que Peñalosa quiere seguir ejecutando, como el parque lineal más grande de Latinoamérica, el cual  implica la unión, en algún punto, de tramos entre el humedal Juan Amarillo y el humedal Córdoba: “Ya el secretario de Ambiente nos preguntó qué opinábamos al respecto y le respondimos que si respetaban el fallo no había ningún problema”. Y así como son flexibles y conscientes de algunos cambios, los vecinos saben qué tipo de situaciones son totalmente imposibles: “Ya Peñalosa no puede dragar el humedal cómo hizo con el de Juan Amarillo; tendría que pasar por encima de inversiones del Distrito, lo cual sería detrimento patrimonial y lo llevaría a la cárcel”.

Mauricio se refiere con esto al caso que todavía hace temblar al resto de humedales, a biólogos y ambientalistas, que consideran la intervención del humedal de Juan Amarillo uno de los atentados ambientales más grandes jamás ejecutados por una administración. Realizada en 2002 bajo el proyecto de “Restauración ecológica de la cobertura vegetal en los bordes e islas de la Laguna No 1 del Humedal Tibabuyes o Juan Amarillo”, la intervención se centró en el tercio alto del humedal, en el cual se aplicaron varias obras para evitar la entrada de aguas negras, pero esta no fue la única consecuencia.

En vez de mantener el humedal, el Distrito lo reemplazó por una laguna de 1.400 metros de largo y 400 metros de ancho. Para lograr esto, la firma INA-BROMCO Constructores, encargados de la obra, tuvieron que drenar el agua natural de la zona, remover 700 mil toneladas de lodo de alto valor biológico, pavimentar los cauces del humedal, construir paredes de cemento, aislar la zona de los otros dos tercios que componen el humedal y edificar una alameda con ciclorrutas, que terminaron de destruir el ecosistema del humedal. “Todo esto orquestado en el marco de una licencia ambiental endeble otorgada por la CAR”, afirma la Fundación Humedales de Bogotá en su página, que también acusa la falta de un Plan de Manejo Ambiental para esta intervención. “Por último, esta laguna artificial fue llenada de agua potable y de un acuífero (agua en suelo subterráneo) que perforaron sin licencia, el cual años después fue clausurado por la autoridad ambiental”.

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Comparación histórica humedal Juan Amarillo. Foto vía Humedales de Bogotá.

A pesar del costo ambiental que tuvo la realización de esta obra, evidenciado en el tardío Plan de Manejo Ambiental que la administración de Samuel Moreno le hizo al humedal,  Peñalosa sigue haciendo alarde de ella a través de redes, la cual desde el comienzo concibió también como una zona para deportes acuáticos, como parte de su ambicioso parque lineal. A través de su Twitter ha dejado constancia de que para él, el terreno antes eran “potreros rellenados”, y de que no entiende por qué no se autoriza el canotaje deportivo en la laguna que construyó.

Pero así como son conscientes de los errores del pasado, de los cambios que se les vienen encima, y de lo que pueden rechazar rotundamente, la Junta también tiene claro todo el camino que ya tienen andado. “Este es un humedal que muestra cómo lograr con pocos recursos  un efecto muy provechoso en términos de costo-beneficio para el ecosistema”, evalúa Luis Jorge Vargas desde su perspectiva como biólogo, afirmando que la recuperación del caudal del humedal reactivó los microorganismos, que se encargaron de limpiar sus propias cuencas. “Hoy por hoy, si se hace el comparativo entre lo que había en 2002 a lo que hay ahora, se puede ver que hay un aumento de los espejos de agua en un 200% ó 300%”.

Mauricio también hace sus balances. “Aumentó la diversidad de hábitats, el bosque alrededor del humedal está muy bien conservado, las aves han aumentado en individuos y especies, los anfibios, las ranas y los curíes, la diversidad en insectos acuáticos y terrestres ha mejorado mucho también…”. El trabajo conjunto de los vecinos del humedal no solo ha llamado la atención de los bogotanos como yo, sino que cada vez son más los barrios que se unen a la defensa de este. “Antes éramos solo nosotros, nadie nos entendía, todo el mundo nos regañaba y nos criticaba porque no dejábamos hacer la obra de Peñalosa para ‘recuperar el humedal’. Ahora todos entienden que eso no era lo que había que hacerse y gracias a lo que se hizo en los últimos años contamos con una base social muy importante”.

Fotos y fuente, tomado de: http://imaginabogota.com/notas/de-como-el-humedal-cordoba-le-gano-la-batalla-a-penalosa/

 

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